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Descubriendo la Deep Web

Tres amigas

Hola a todos. Me llamo Alicia. Soy una chica de 17 años, con algunos kilillos de más, pero guapa y con encanto. Estoy sacándome el bachiller de humanidades y ciencias naturales. Siempre me ha gustado escribir. Pero nunca lo he compartido públicamente. En Internet publiqué un blog hablando sobre mis inquietudes, pero a penas nadie las leída. Supongo que los chicos buscaban ver quién había detrás, pero yo no me atreví a subir mis fotos. Tenía miedo de que algún conocido me reconociera y se aprovechara de las confesiones que hacía. Aunque en cierta manera me hubiera gustado recibir comentarios sobre mi físico. Sobretodo si les gustara.

Mi día a día se resume rápido. De lunes a viernes voy al instituto. Por las tardes ayudo a mi madre con las tareas del hogar, porque somos 4 en casa y los demás no ayudan mucho. Mi padre y mi hermano se pasan el día fuera, sólo llegan para cenar y acostarse. Algunos días quedo con mis amigas del instituto para dar una vuelta. Lo que nunca falla es la quedada de los viernes. Cuando no hay plan vamos por la zona de tiendas para ver por los escaparates los modelos que nos gustaría tener en un futuro. Tal vez cuando trabajemos. Y cuando hay plan nos vamos al cine, a un concierto, a una obra de teatro… Lo que se nos ocurra esa semana. Normalmente el viernes suele ser más tranquilo. Planeamos algo. El sábado lo pasamos bomba. Y el domingo me quedo en casa. Me gustan esos días familiares, porque puedo estar con m padre y mi hermano.

El otro día estaba con mis amigas y salió una conversación la mar de interesante. Hablaron sobre la Deep Web. Yo no tenía ni idea de lo que era. Parece ser que en Internet hay mucha seguridad. Cuando una persona navega, hay otras personas velando por su seguridad y evitan que nadie les puedan estafar. Pero, claro, vigilan que no se cometa ninguna irregularidad. Sin embargo hay páginas que escapan a ese control y puede hacer todo lo que quieran, legal o no. Se llama la Internet invisible. Yo sentí curiosidad y cuando llegué a casa me estuve informando videndo vídeos en YouTube. Había canales que dedicaban series completas sobre sus experiencias en estos sitios prohibidos. Y daba miedo, pero también curiosidad.

Estuve viendo un vídeo donde explicaban que entrar en la Deep Web era como jugar a la Ouija: sabes como va a empezar, pero no como va a terminar. Hay hackers que pueden detectarte y conseguir de ti todo lo que ellos quieran. Pero también hay páginas ilegales con información de todo tipo, desde informes secretos del gobierno a violaciones reales. Pero lo que más me llamó la atención es que se podía ganar mucho dinero. Evidentemente todo sería con negocios sucios: venta de drogas, armas, pornografía… Había todo un submundo tenebroso, al que sólo podían acceder personas con ciertos conocimientos técnicos.

Tres amigas

Entonces pensé, durante un tiempo, que me gustaría verlo. Yo siempre he sido curiosa por naturaleza. Siempre he querido descubrir los secretos del mundo. Y, según parece, estos secretos están ocultos en estas páginas invisibles. Además, con todo esto, entiendo que lo que se cuenta en los medios públicos no es toda la verdad. Cuando ocurre un suceso, si es demasiado escabroso, entonces lo camuflan. Recientemente había visto la película El bar, donde un grupo de personas son testigos de un virus mortal. La policía, en ese caso, lo que trató fue de matarlos a todos y en las noticias se publicó que había un gran incendio. ¿Y si parte de la información fuera así? ¿No deberíamos todos entrar en la Deep Web y descubrir lo que está pasando realmente?

Cada día que pasaba tenía más ganas de explorar las entrañas de Internet. Tenía bastante miedo a que un hacker pudiera jugar conmigo, pero eran más la curiosidad. Así que aproveché cada vez que me quedaba sola en casa y fui informándome. Tenía que utilizar un navegador especial, que encriptaba mi IP. Después tenía que acceder a una página de directorio de estas webs, ya que para no ser rastreadas cambiaban su dirección constante. Así lo hice. La primera vez estaba muerta de miedo. Entré unos minutos, vi unas páginas en inglés y apagué el ordenador. ¿Qué estaba haciendo? ¿De verdad estaba dispuesta a exponerme al peligro?

Estuve unos días intentando desechar la idea. Pero no podía dejar de pensar en los secretos que me encontraría allí. ¿Podría conocer la verdad del mundo? ¿Podría ganar dinero? Por un lado estaba aterrorizada, pero por otro no me podía resistir. Entré por segunda vez. Estuve navegando por varias páginas encontrando cosas sin mucho sentido: sexo, sangre, asesinatos… Pero sí parecía haber un negocio detrás. Porque había webs que te permitían comprar una cuenta bancaria a otro nombre. Allí había sicarios, narcotraficantes, prostitutas… Con cada nuevo descubrimiento me escandalizaba. Sentía deseos casi de arrancarme los ojos. ¿Cómo había gente que podía hacer eso?

A pesar de todo lo que me horrorizaba ese mundo, fui entrando cada vez más tiempo. Se convirtió en un vicio. Quería saber como funcionaba, qué cosas podría ver y hacer allí. Al principio sólo veía cosas que no entendía, pero poco a poco fui entendiéndolo. También me ayudaba de un traductor, porque casi todo estaba en inglés. Entonces descubrí una forma de ganar dinero.

Había una web en la que había hombres que pagaban por ver sus nombres escritos en las tetas las chicas. Y a mí, como además era menor de edad, me pagaban más. Para cobrar tuve que crearme una bitellera de Bitcoin y pedir una tarjeta. Empecé así. Las fotos podían ser sólo de las tetas, por lo que nadie podría reconocerte. Pero también daban la posibilidad de subirlas con cara, pagando más. Entonces pensé que si esa página era invisible, ya que desde Chrome no se podía acceder, ¿cómo la vería nadie conocido? Donde vivo no hay nadie, que yo sepa, que se las de informático. Y si lo viera, no tendría pruebas, ya que no podría pasarla. Así que decidí hacerlas con cara.

P!

Para acceder a ella, cada vez que se entraba de nuevo, había que buscarla en el directorio. Pero encontré otro mejor, donde sólo habían webs interesantes de sexo, incluida esta. Era algo prohibido, surrealista. Cada vez que entraba sentía un escalofrío. Pero esa inyección de adrenalina la necesitaba, como una dosis para mi dependencia.

Las fotos me las hacía en el aseo. Me sacaba las tetas, escribía con pintalabios el nombre que me decían y hacía la foto al reflejo. Me sentía sexy, deseada. Me imaginaba a desconocidos observándome y excitándome por mí… y me gustaba. Incluso llegué a pensar que si no me ofrecían dinero, que puede que lo siguiera haciendo un tiempo. Luego podía ver comentarios de gente alabándome. No les importaba que tuviera unos kilitos de más. Siempre había algún cafre metiéndose con eso, pero eran pocos y es algo habitual.

Deep Web

En mi día a día al principio no se notaba. Ganaba 20 o 30 euros de más. Me lo gastaba en ropa. Por fin podía tener todos esos modelitos que me gustaban. Y a familiares y amigos les decía que lo había conseguido en rebajas o de imitación baratísimo. La mentirá colaba, pero cuando empezaba a cobrar más tenía que ser prudente. Tenía siempre 100 y 200 euros disponibles. Pero aun así no me conformaba. Una vez empecé a ganar y podía tener lo que quería, siempre aparecían nuevas cosas. No podía parar. Se había convertido en un vicio.

Pero a los meses me llego una proposición. Una de las personas que comentaba en mis fotos desnuda, me propuso acceder a otra web. Esta web se llamaba el juego de los límites sexuales. Me aseguró que podría ganar mucho dinero así que entré para ver de que se trataba.

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2 respuestas a "Descubriendo la Deep Web"

  • JPA84
  • María Ramos
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