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El juego de los límites sexuales #4: Vendiendo mi virginidad

Nivel 4: Vendiendo mi virginidad

Muchas veces había oído que muchas chicas ganaban mucho dinero vendiendo su virginidad a desconocido. Se ponían en subasta y quedaban con quien más dinero ofreciera. Evidentemente da miedo: no sabes quién te va a tocar. Pero a la vez puede dar morbo y el dinero siempre ayuda.

Me asusté…

En un principio me asusté. Empecé a pensar en cómo sería y me imaginé a un loco tratando de follarme a la fuerza. O queriendo hacerlo sin condón y, al ser un desconocido, no podría fiarme sobre si no tuviera enfermedades de transmisión sexual. Entonces sentí que por una parte me daba morbo. Era sentirme más sucia, más golfa. Y eso es lo que buscaba cuando empecé con este juego. Pero Pensé que se había llegado muy lejos y quise parar. Lo que hice fue no volver a entrar a la Deep Web y tratar de olvidarme del tema. Ya había ganado bastante dinero. Tanto que debía gastarlo discretamente. Más siempre está bien, pero no lo necesito.

Al cabo de un par de semanas, noté algo raro. Estaba en mi cuarto y vi como la webcam de mi ordenador se giraba hacia mí, al moverme por la habitación. Lo primero que hice fue sentarme en el ordenador haber la configuración. Pero lo que vi me impactó. Estaba el bloc de notas abierto y ponía Tienes que vender tu virginidad. ¿Qué? No podía creerlo. Aterrorizada apagué el ordenador. Entonces el mensaje me apareció en el móvil. Era como si alguien se hubiera infiltrado en mi red. Aun así me resistí. No pueden hacerme nada, no saben donde vivo. Pero después pensé que podrían contarlo a mi familia o a saber qué. Pero… ocurrió algo más. Un día me llegó una carta. El remitente era habitual, de un chico que me había escrito otras veces. Pero en su interior ponía el mismo mensaje. Y algo más. Tenía 2 semanas para hacerlo, sino todo lo que había publicado en la Deep Weeb sería enviado a todos mis contactos de mi correo electrónico. Familia, amigos, conocidos… No podía dejar que ocurriera. Accedí.

¿Dónde subasta la virginidad?

Esta fue la primera duda que me surgió. Pensé que tendría que hacerlo directamente en páginas de la Deep Weeb, porque lo veía algo oscuro y siniestro. Sin embargo, al documentarme un poco, me di cuenta que habían páginas conocidas donde había chicas ofertando su culito o su vagina al mejor postor. En Pasion.com lo podéis ver. Y encima podía poner la zona aproximada. Era fácil que me salieran chicos o hombres de cerca. Muchos claro, harían sus ofertas. Todavía tenía mis dudas, pero estaba obligada. Cuanto antes lo haga antes acabaría el mal trago.

La subasta

También consideré en amañar la subasta. Elegir a alguno que ofreciera menos dinero, pero que me transmitiera más confianza. Lo descarté. Los de la Deep Web me tenían bien controlada. Se darían cuenta. Así que pensé hoy elegiré al ganador de la subasta. Habían ofertas de 1.000, 500 euros, 200, muchos de 50… Pero había uno que ofrecía 3.000 Euros. A esto habría que sumarle otros 2.000 Euros que me habían prometido desde la Deep Web. Por tanto la broma me saldría por casi medio millón. Era un riesgo, y puede que en condiciones normales lo habría rechazado, pero el dinero también tienta. Al final lo hice voluntariamente, aunque muerta de miedo.

Un hombre de 55 años, calvo y gordo

Quede una noche con un hombre de unos 55 años. Él era calvo y gordo. Normal que sea un hombre desmejorado quien pague tanto dinero, ya que a un chico guapo no le haría falta. Pero ellos también quieren pasarlo bien y se puede hacer. Así que me dejé llevar. Me recogió en su coche y fuimos a un hotel. Durante el camino estábamos los dos callados, super cortados. Él me miraba de reojo, incluso me acarició de vez en cuando. Yo me estremecía cuando me tocaba, pero sólo le devolvía una sonrisa, como incitándole a continuar. Estaba temblando por dentro, pero debía llegar hasta el final.

Sexo en la habitación del hotel

Ya en la habitación me dejé desnudar. Tenía miedo, pero viendo que me trataba con delicadeza, ese sentimiento cambió. Empecé a sentirme caliente. Me desnudaba con suavidad, intentando no romperme. Era menor de edad, aunque no lo sabía. En el anuncio me oferté con 18 años recién cumplidos. Aunque fuera así podría meterlo en un lío si quisiera. Tal vez por eso fue tan dulce. Cuando se decidió a besarme no me gusto mucho. Lo hizo jugueteando su lengua por mis labios y me dio asco sentir su saliva en mí. Pero traté de disimularlo quedándome con la boca entreabierta y quitándome las babas con un dedo despacio. Luego las chupé para ponerlo a 100. Desde luego era buena actriz.

La suavidad inicial

Lo siguiente que hizo fue agarrarme un pecho y darme mordisquitos en los pezones. Eso me suele gustar bastante, pero él se pasó un poco con la intensidad. Esta vez lo hice todavía mejor: me mordí un labio para aguantar el dolor y parecía que lo que aguantaba era la excitación. Para hacer que parara lo agarré con fuerza del culo y lo atraje hacia mí. Le empecé a besar en el cuello, bajé por su pecho hacia el ombligo. Tenía mucho pelo, cosa que me suele excitar bastante. Ese exceso de bello hacía que en la intimidad tuviera un ligero aroma a hombre que me volvía loca. Así que ahora sí excitada me acaricié ligeramente la ingle al tiempo que besaba en círculos bajo su ombligo. Le bajé los pantalones de un estirón y descubrí una polla muy grande, entre una mata de pelos grisaceos. La rocé con mi rostro mientras lo miraba a lo ojos. Le iba a dar la mejor noche de su vida.

Sexo oral entre pelos

Ya que tenía que hacerlo, ¿por qué no disfrutarlo? Estaba dispuesta a todo, pero siempre centrándome en lo que más me iba gustando y dejando lo que no. Le chupé los huevos. Me encantó sentir esa mata de pelos. Me hacía sentir muy guarra quitarme pelos de la boca. Era como si al hacerlo me palpitaran mis zonas íntimas. Una pasada. No podía aguantar más y rocé mi clítoris para aliviar un poco la excitación. Él se dio cuenta y me agarró del pelo para que se la mamara. Metí sólo la punta, ya que la tenía bien. Era poco menos de un palmo. Lo justo para que me apretara contra él y no sintiera arcadas. A todo esto no dejaba ni un momento de mirarle a los ojos. Me encantaba ver como se retorcía de placer.

Así perdí mi virginidad

Luego me hizo parar. Estaría a punto de correrse. Cogió y me colocó en la cama. Le pedí por favor que se pusiera condón y se lo puso. Después me acarició la entrada de la vagina con su glande. Sentí otra punzada de placer. Pero costaba un poco meterla. Estaba completamente excitada y tenía muchos jugos vaginales, pero así él escupió y metió dos dedos. Cuando lo hizo me volví a estremecer de placer y solté un sonoro gemido. Acto seguido metió su punta ayudándose con la mano. En esta ocasión me dolió mucho menos. Ya con toda la excitación y la saliva suya, el pene se consiguió deslizar fácilmente. Yo aun sentía algo más de dolor, pero era más el placer tenía. Por momentos contraía las piernas, las cerraba. Trataba de aligerar esa presión. Pero poco a poco fui cediendo al placer, hasta abrir las piernas del todo.

Cuando la penetración fue más profunda, al tener mis piernas abierta, aun noté más dolor. Era normal, se estaba rompiendo mi  himen. Quise que me diera bien, para que la próxima vez que lo hiciera no tuviera más problemas de este tipo. Incluso grité un par de veces de dolor. Pero no tuvo compasión y siguió apretando hasta que se corrió. Cuando sacó el condón lo tenía manchado de sangre. Yo estaba un poco dolorida, pero me sentí satisfecha. Había tenido la relación sexual, no fue tan terrible como me imaginé en un primer momento y ahora tocaba la recompensa.

Las puertas de la sexualidad

A partir de ese momento nos aseamos, nos vertimos y nos fuimos cada uno a su casa. Lo hicimos sin hablar todo el rato. Se notaba que éramos dos desconocidos que habíamos quedado para follar, lo hicimos y adiós. Él no quería que yo conociera ni su nombre y yo no se lo pregunté. Tampoco era mi tipo para ir pidiéndole el teléfono. No lo hice. De hecho me llevé las manos al coño un par de veces, porque me escocía. Pero sentí que ahora podía disfrutar de verdad del sexo. Tener relaciones con penetración es la mejor forma de experimentar sexualmente. Y yo con lo activa que era sabía que lo iba a disfrutar. Lo que me daba un poco de cosa era que mi vida sexual iba a estar siempre dirigida por esa página de la Deep Web.

Visita el índice: El juego de los límites sexuales.

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