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Otra vez entregada

Follando provocador

Al día siguiente me planté frente a Hugo convencida de lo que le iba a decir, pero de nuevo estaba con sus amigos y pasó de mí. Aun me dio más rabia y me prometí a mí misma que la próxima vez que lo viera le daría el ultimatum: O reconocía que estaba conmigo o se podía ir a la mierda. Ya bastante había aguantado ya.

rubia-oscuridadY pasó un par de días hasta que me volvió a abordar por los pasillos del instituto cuando no pasaba nadie, agarrándome de la cintura y robándome un beso que me dejó sin aliento. Entonces le dije que teníamos que hablar, pero él siguió besándome y diciéndome las ganas que tenía de cogerme en privado. Al principio me resistí, traté de apartar la cara, pero cuando sentí el roce de sus labios me tembló la piel. Mi cuerpo se estremecía con el contacto y lo apreté fuerte contra mí, casi involuntariamente. Tenía que decirle todo lo que sentía, pero en esos momentos todo el dolor y la indignación por lo que me estaba haciendo se desvaneció, para dejar una sensación de felicidad en su lugar. ¿Me estaría enamorando de él?

Así que como tonta volví a quedar. En esta ocasión sus padres ya estaban en casa y tuvimos que ir a las afueras del pueblo. Pensé que iríamos a un descampado, porque por aquella zona es lo que más abunda, pero me llevó a una tubería que había sin agua. Para entrar tuvimos que bajar un barranco y como una cueva se abría sobre la tierra. Entramos y estaba todo a oscuras. Tuvo que encender la linterna del móvil. El mío no tenía porque era un poco viejo, con las ganas que tenía de tener wasap… Entramos en la tubería y nos sentamos en los bordes. Seguro que había llevado allí a más de una chica.

besando-pareja-xEstuvimos hablando un rato, hasta que se sacó un pitillo del bolsillo. Yo nunca había fumado, pero debo reconocer que los chicos que fuman me parecen mucho más misteriosos y me atraen más. Me dijo si quería probarlo, a lo que me negué, pero me insistió y me acabó convenciendo. La primera calada fue asquerosa. Sentí que no podía parar de toser. Me dijo que no me había tragado el humo y que si fumaba así podía coger cáncer de boca y me entró miedo. No quise probar más. Y entonces el chulo me dijo que si prefería mis labios, a lo que asentí. Estaba deseando volver a besarlo, a pesar de la promesa que me había hecho a mí misma. No podía reprocharle nada, era superior a mis fuerzas. Cada centímetro de mi cuerpo lo deseaba, como una droga, y no era capaz de enfadarme.

Con cada nuevo beso me excitaba más y más. Su lengua juguetona me recorría la boca como si buscara un chicle entre mis dientes. Aunque debo decir que su aliento sabía a tabaco y no era tan especial como otras veces, pero aun así esa extraña mezcla que me produjo el placer por besarle, lo prohibido del lugar y lo desagradable del humo se juntó para hacerme sentir una excitación mayor. Serían mis hormonas desatadas, pero en esos momentos se me olvidó todo lo demás y en lo único en lo que pensaba en era en complacerle. Quería que se fuera contento para que me volviera a buscar otro día, aunque pasara de mí con los amigos delante, aunque fuera un vacilón y aunque sólo quisiera de mí sexo. Yo era una joven inexperta y sabía que lo iba a pasar mal, pero me había enamorado profundamente y tenía que satisfacer mis deseos. Porque además de desear complacerle, también quería desatarme como mujer, culminar mi placer en éxtasis.

pareja-chupando-tetasMe agarró del trasero y me apretó contra él, sin dejar de besar mi boca, mi cara y mis labios. Noté el bulto de sus pantalones apretado contra mi cintura y le correspondí con una leve caricia en el rostro. Su deseo de poseerme me dominó. Fui yo quien le bajé los pantalones queriendo satisfacerlo. Hugo de nuevo me sacó las tetas, en esta ocasión arrancándome los botones de la blusa. Se agachó para comerme el pecho y entonces sentí que mi excitación aumentaba, ya que mi vagina chorreaba con un calor intenso obligándome a restregarme para desahogarlo. Lo hice sobre su polla erecta, que acababa de sacar de un fuerte estirón sobre sus pantalones y calzoncillos. Fue entonces cuando me quitó los pantalones, también bruscamente. La punta de su miembro me rozó la ingle. El escozor de mi excitación seguía latente. Quería que me penetrara, que me hiciera suya. Sólo así podría calmar la excitación que sentía. Y volví a abrazarlo y a apretarlo contra mí. Le besé con deseo, buscando su lengua con la mía, tratando desesperadamente de llegar al orgasmo con el simple contacto. Pero no, los labios de mi coño latían de excitación como si fueran un corazón de placer y le supliqué, casi, que me follara. No llegué a decirlo, simplemente me quedé ahí parada, con las piernas abiertas mostrando todo de mí.

Follada en pieNo hizo falta más. Hugo me miró, sonrió y se lanzó. Me agarró del culo, lo apretó fuerte con sus dedos, y me acercó hacía él primero con delicadeza. Era la primera vez que iba a follar y lo sabía. Su polla me rozó los labios del coño, intentó hundirse, pero sólo consiguió meter la punta. A mí me dolía bastante. No sabía que follar doliera tanto. Grité, con un sonido parecido a un gemido. Hugo lo entendió como tal y apretó para tratar de clavármela. Me tuve que morder los labios. Sentí un dolor intenso, como si me desgarrara las entrañas. Volvió a envestirme y esta vez el grito de dolor fue más evidente, pero mi amante no hizo caso y siguió penetrándome con dureza. Estuvo así durante 10 minutos. Yo notaba que me moría. Cada golpe me hacía más daño, como si desgarrara una herida ya abierta. Las últimas envestidas fueron más brutales y yo ya no pude ni expresar mi dolor. Me dejé llevar, sin ningún deseo y con lágrimas en los ojos. Lágrimas que no se vieron porque la linterna del móvil cayó a un lado y estábamos en penumbras. Pero el malestar y el daño que me había hecho me lo guardé para mí. Incluso oculté los suspiros que iniciarían el llanto.

No sé ni donde se corrió. Antes de empezar no hablamos nada ni de condón, ni de marcha atrás, pero después me llegaron las dudas. Tampoco tuve fuerzas para decir nada. Me calle. Nos vestimos y casi sin hablar nos marchamos a nuestra casa. Por el camino noté un escozor muy fuerte en mi vagina y, ya con la luz del Sol, me abrí los pantalones y pude ver que mis bragas estaban manchadas de sangre. ¿Era posible? ¿Me había violado? Dios, soy una tonta, pensé. Pero ya no podía hacer nada. El daño estaba hecho.

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6 respuestas a "Otra vez entregada"

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