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Primer encuentro fogoso (Una relación de 2 años – parte 1)

Primer encuentro fogoso

Estuve un tiempo sin quedar con nadie. Me sentí muy mal por lo que me pasó con el del cupé rojo. Me había violado aunque no llegara a desgarrarme la vagina, pero se corrió encima y me asusté. De hecho, pensé que estaba embarazada y sólo resultó tratarse de un retraso de tres meses debido a los nervios. Después tuve un primer encuentro fogoso.

Chica fotochatMeses mas tarde, cuando tenía 19 años, volví a meterme en el chat de Terra sin atreverme a quedar. Conocí a un chico muy simpático. Tenía 24 años y se mostraba muy interesado en mí. En un principio me mostré cauta, no quedé y me volví muy reservada. No quería contar nada de lo que me había ocurrido, ni quería que la mala experiencia anterior se repitiera. Sin embargo, el muchacho seguía insistiendo y después de un tiempo empecé a tener ganas de conocerlo. Me dejé ver por la cam en un par de ocasiones y le conté algo de mi vida. No revelé ninguna de mis intimidades, pero sí algo de lo que me pasaba con mis amigas, qué estudiaba y algunas de las discusiones con mis padres. Lo típico de una adolescente. Él se sintió integrado con la gente que me rodeaba, dándome consejos y ayudándome en lo que podía. Al final accedí a quedar. Le dije donde vivía y vino a recogerme andando, ya que no tenía coche, para ir al cine.

Chica con escoteEl día que había quedado, estaba sola en mi casa, muy nerviosa. Este chico había demostrado que me respetaba y quería causarle buena impresión. Me arreglé, me puse maquillaje, me pinté los ojos, me vestí con una minifalda y una blusa coqueta, con tacones y medias negras… Me tocó al timbre, aun le hice esperar quince minutos mientras me terminaba de arreglar y me hacía la interesante… y bajé. No me causó buena impresión. Físicamente lo había visto en una foto, pero posiblemente esa fuera la mejor que salía de todas las que tenía. Al chico se le cayó la baba al verme. Me vino a dar dos besos y aprovechó para abrazarme. Entonces empezó a hablarme sin parar, a preguntarme mil cosas y a intentar acercarse. Me agobió. Sentí rechazo hacia él. Cuando me hablaba, le respondía secamente. Cuando me preguntaba, no le respondía. Cuando se acercaba, yo me alejaba. Hubo una barrera entre ambos. Todo el camino hacia el cine lo pasamos así, hasta que me dijo que para estar así mejor fuéramos cada uno por nuestro lado. Entonces me entró miedo de que me dejase tirada y acabar viendo la película sola, y le dije que estaba así porque me gustaba. Desde luego, era todo lo contrario. Pero pensé que sería buena excusa para que estuviese un rato tranquilo, pero ocurrió el efecto contrario: se lanzó a mis labios robándome un beso. No me desagradó y me dejé llevar. Me metió su lengua hasta la campanilla. Me sentí un poco incómoda, pero como le había dicho que me gustaba, no quería estropearlo.

Morena liándoseComo faltaban un par de horas para empezar la peli, fuimos a un parque a hacer tiempo. A partir de ese momento me solté. Después de estar liándonos, le conté todo lo que me había ocurrido para que me entendiese porque estaba así. Pero, por lo visto, le puse caliente cuando supo que había estado quedando con uno que no me gustaba sólo para mamársela. Tuve una sensación especial para mí. Me sentí deseada y me excitó muchísimo. Por consiguiente, seguí hablando de mis travesuras sexuales. Nos calentamos mutuamente. Nos empezamos a sobar disimuladamente. Era aun de día y había gente paseando. Así que esperamos, deseando que llegase la hora de nuestra sesión de cine.

Sexo cineUna vez en la sala, nos sentamos en los asientos de atrás. Como había bastante gente, la mayor intimidad que conseguimos tener fue al lado de un señor mayor que estaba solo, pero ni a un lado ni a otro había gente. Sin hacer caso a la peli, empezamos a liarnos, esta vez sin contenernos. Primero nos sobábamos por encima de la ropa. Éramos conscientes de que el viejo de al lado no nos quitaba ojo, por eso disimulábamos al principio, pero cuando estábamos cachondos perdidos, poco nos importó. Me saqué un pecho y él se sacó la polla. Me agarraba la teta con una mano, meneándola en círculos, mientras con la otra mano agarraba la mía y me la llevaba a su miembro para que lo pajease, al tiempo que nos besábamos con la boca haciendo notorios movimientos. Me sentí más excitada aun al sentir como el viejo se excitaba con nosotros. Ya no era el morbo de estar en un lugar oscuro donde nos pudieran pillar, era que ya me estaban viendo y me moría de gusto. Así estuvimos todo el rato que duró la peli, sin llegar a más. Cuando acabó, disimulamos nuestras ansias de placer, nos vestimos y salimos discretamente.

Manoseo parqueEntonces fuimos a un parque que estaba totalmente a oscuras. Allí no había nadie y aunque lo hubiera poco podría ver. Sin embargo, estaba en la calle y me seguía excitando demasiado la situación. Me moría de ganas de llegar mas lejos, pero me daba miedo que intentase forzarme, aunque se hubiera portado tan bien conmigo. Le dije que debido a lo que me pasó, no quería llegar a la penetración, a lo que me respondió que le parecía bien y me respetó en todo momento. Me tumbé en un banco y él encima, liándonos y metiéndonos mano violentamente, pero con un deseo desatado incontrolable.

Follando en el parqueOcurrió otra cosa que aun me mojó más. Llegó un grupo de chavales y se pusieron justo en frente. Era el típico grupo de críos. No paraban de hablar de nosotros. Nosotros habíamos parado en seco y nos encontrábamos tumbados en el banco, él encima de mí. Ahora nos rozábamos lentamente para no dar la impresión de que estábamos follando. Pero ellos ya sabían qué estábamos haciendo y lanzaban comentarios obscenos a los que hacíamos oídos sordos. Hubo uno, que fue el que hizo que me contrajera de placer. Le dijo al chico que estaba conmigo, que si se levantaba y les dejaba a ellos gozarme un rato. No respondió nada, pero si hubiera dicho que sí me habría encantado. Estaba totalmente cachonda de pensar que había un montón de tíos a los que les gustaba y querían montárselo conmigo. Y ese morbo me llevó a rozarme con más entusiasmo, volviendo a ponernos las ganas a cien.

Mamada en públicoLa situación no podía ser mas excitante. Los jóvenes del grupo se habían quedado con la boca abierta. Ya ni hablaban. El chico que estaba conmigo, me suplicó que se la chupara. Sabía que me gustaba por lo que le había contado y quería sentirlo en ese preciso momento. Por unos segundos me sentí como una puta. Había quedado con un chico y el primer día estaba haciendo la guarra a mas no poder, después de haber tenido una muy mala experiencia, provocada precisamente por mis ganas de mamarla. Pero hasta eso me excitó en aquel instante y seguí, retrasando el momento para que todos tuvieran mas tiempo para gozar. Le masturbé al tiempo que le daba besos por la piel de alrededor. Incluso me bajé un poco el pantalón para dejar ver el tanga que llevaba debajo, que era ahora el punto de mira de la luz roja. No pude aguantar más y empecé con la mamada. Una vez vio que iba en serio y la iba hacer hasta el final, me preguntó si quería que me avisara, a lo que le respondí que no, porque ya estaba acostumbrada a que se corriesen en mi boca, por lo que me ocurrió con el del cupé rojo. El chico se sentó sobre mis ingles, intentando aguantar para no dejar ver demasiado. También le excitaba la situación, pero era más discreto. Al tener un poco de espacio, aproveché para subirme la blusa y bajarme el sujetador, dejando mis pechos al aire. Sus manos los palparon con deseo, dejando a a vista del grupo de jóvenes una postura muy sugerente. Le metí las manos en el trasero y palpé sus nalgas, notando su calorcito que me dejaba loca de excitación. Seguimos besándonos apasionadamente, dando una vuelta sobre nosotros mismos. Una vez me coloqué arriba, le subí la camiseta, mientras le besaba el cuello. Los besos y mordisquitos bajaron a la zona pectoral. que aunque no tuviera ningún músculo me dio mucho gusto. Levanté un segundo la cabeza. El grupo de jóvenes, posiblemente menores de edad, dejaron de hacer comentarios obscenos para llamarme guarra y puta directamente. Y eso, lejos de desagradarme, me excitó aun más. Con un láser me apuntaban a los pezones. Pues estarían a escasos cinco metros, en otro banco justo enfrente. Aun estaba peor y retrasé mi situación para bajarle los pantalones a mi chico. Seguí besándole el pecho con movimientos bruscos, bajando hacia la barriga y más abajo. Le comencé a pajear mientras le besaba justo arriba.

corrida en la boca morenaLa mamé y la mamé con un ansia desatada. El chico dejó caer la cabeza hacia atrás, muriéndose de excitación. Los otros enfocaban directamente a mi cara, cosa que me hacía colocarme una mano en la frente mientras mamaba, para no deslumbrarme. Ahora se reían y susurraban por lo bajo. La punta de la polla entraba y salía de mis labios, sin alcanzar la garganta. Sólo así podía gozar del sexo oral y de verdad lo disfrutaba. Y sentí como sus venas se hinchaban cuando estaba cerca de correrse y aumenté el ritmo, deseando sentir el fluido ácido. Entonces salió, lo noté llegar y cuando inundó mi boca lo esperaba. No me terminaba de convencer el sabor, pero antes de impregnarme del gusto, me lo tragué. Fue una reacción refleja. De hecho, estaba acostumbrada a no tragármelo y me sorprendí a mí misma. Pero me sentí bien. Era una de las experiencias que deseaba tener y tenía confianza con este chico para llevarla a cabo. Luego me ruboricé, porque hasta los chicos del grupo se habían dado cuenta y lo estaban comentando. Me entró bajón por un segundo y quiso meterme mano en el coño para que yo también me corriera, pero se la aparté. Ya estaba bien por ese día. Nos vestimos y nos fuimos por el lado contrario donde estaba el grupito. Fue un primer encuentro fogoso.

Me acompañó a mi casa y nos pasamos los móviles para seguir quedando, llevándonos desenfrenadamente a lugares para montárnoslo.

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María Ramos

María Ramos

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Soy una chica liberal, con pareja también liberal, y me gusta compartir mis experiencias sexuales y mi material casero en la web. Sígueme en Twitter o Facebook, o contáctame por email. También publico críticas de películas eróticas como Mar23. ¡Léeme!

4 respuestas a "Primer encuentro fogoso (Una relación de 2 años – parte 1)"

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