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Último día en Benidorm

Chica sexi bajo lluvia

El autobús urbano me dejó por el centro, donde alquilé una pensión. Dejé allí todas mis pertenencias. El cielo pintaba oscuro, podría caer una buena. Así que me cogí un bolso con lo esencial para pasar la noche y me fui preguntando por el hotel donde se quedaba mi amigo.

Morena desnuda en la toalla

De camino me pilló la tormenta. Aunque iba buscando los tejados, acabé empapada. Lo llamé para decirle que me esperara fuera, ya que estaba mojada y no me atrevía entrar así en su hotel. Enseguida me vino a buscar y me llevó a su habitación. Había venido con sus padres, pero estaba solo en la habitación. En un principio no me dio tan buena impresión como en las fotos que me había mandado por el Messenger. Tenía un mostacho en el bigote y parecía demasiado enclenque. Además, me había dicho que tenía 21 años, cuando tenía sólo 17, 3 años menos que yo. Aun así, después de todo el sacrificio que había hecho por verlo, decidí entregarme ya que sólo sería una noche y la alternativa era irme con la lluvia a dormir a la pensión.

Última noche en BenidormSubimos a la habitación y me llevó al aseo para que me diera una ducha. Su ropa no me venía y al final le dije que me diera una toalla mientras se secaba lo mío. Nos sentamos en la cama y nos tiramos horas hablando. Habíamos estado mucho tiempo hablando por Messenger y teníamos muchas anécdotas que contar. Habíamos planeado que el día que estuviéramos juntos jugaríamos a algún juego de mesa, con la picaresca de que el que perdía tendría que quitarse una prenda. Pero claro, a mí ya no me quedaba ninguna puesta, por lo cual no podíamos hacer tal cosa. Muchas veces habíamos jugado al busca minas del Messenger, al ajedrez, a las bolas esas de los colores… pero allí no teníamos nada de eso. Por otra parte, podría ser la única vez que nos veríamos y teníamos que aprovecharlo. Así que empezamos a hablar de temas mas calientes. Su forma de hablar y su voz me encantaba. Tenía ese acento maño, pero se le atragantaba con las palabras porque las pronunciaba muy rápidas de forma muy graciosa. Allá sobre las 4 de la madrugada fue cuando decidí lanzarme, pese a su mostacho, porque él parecía que no lo haría nunca. Se dejó besar y cuando aparté mis labios de los suyos me dijo que había empezado una relación con una chica de Zaragoza, el tiempo que había estado sin hablar con él. Entonces le dije que lo más peligroso era pasar la noche conmigo, hiciera algo o no. Sus padres le podrían pillar y contarlo, o su pareja podría descubrirlo de cualquier otra forma. Que se acostase conmigo o no, ya sería secundario. Pero que, después de estar tanto tiempo planeando este momento, no podíamos dejarlo pasar. Después, ya nos trataríamos como amigos. Le costó un poco pero finalmente lo convencí. Nos liamos durante mucho tiempo y poco a poco fui guiándole sus manos hacia mis pechos. Incluso entregada a él, parecía excesivamente tímido, tal vez por el hecho de pensar de que estaba poniendo cuernos.

Semen mejillaY así fue como nos fuimos enrollando, juntando nuestros cuerpos en un frenesí de deseo. Era totalmente inexperto, pero enseñarle fue algo que me dio morbo. Estaba mostrándole el mundo del placer para que lo pusiera en practica con su novia. Y me sentí como una maestra del sexo, haciéndole gozar por primera vez intensamente. Le expliqué como tenía que hacerme sexo oral. Primero utilizó los dientes, pero ya le dije que debía hacerlo sólo con labios y lengua. Debía centrarse en la zona del clítoris que es donde las chicas sentimos más placer. Y cuando yo se la chupé empezó a retorcerse, a gozar como loco, gimiendo incluso. La tenía mas bien pequeña, perfecta para mí porque las grandes me ahogan. Me sentí genial sintiendo todo su placer. Mi forma favorita de practicar sexo. Incluso se corrió sobre mi boca y escapó hacia fuera, porque le dije que se retirara hacia atrás al venirse, dejándome un hilo de semen en la mejilla. Pero no me importó. Me sentí genial haciendo eso.

Follando cachondosQuería seguir con el polvo final. Cuando saqué un condón para colocárselo, la tenía agachada. Cuando se corrió perdió todo el deseo y tenía que reanimarla. Intenté besarlo pero se apartó la boca. Le daba asco que lo besara después de haberse corrido en mi boca. Eso me sentó mal porque si lo había hecho había sido por él. Discutimos durante unos minutos. Estuvimos una media hora sin hacer nada, hasta que volvió a mí pidiéndome perdón. Nos volvimos a besar apasionadamente y mi mano fue hacia su pene. Empecé a masturbarlo hasta que volvió a ponerse a tope. Esta vez sí le pude poner el condón. Se la agarré desde la base y me senté encima. Salté y salté sobre él, mientras me cogía de las tetas y me daba besos en el cuello desde atrás. Me puse cachonda y grité como una puta. Pero tuvimos que parar porque me dijo que había apoyado todo mi peso sobre una pierna suya y no podía aguantar más en esa postura. Así que cambiamos. Esta vez me puse yo debajo, y él se tumbó encima. No se sabía mover muy bien y encima, se le salía. Me hizo confirmar mi idea sobre que los jóvenes no tienen la experiencia necesaria para que yo pueda pasarlo tan bien como quisiera.

Masturbación morena calienteTuve que terminar haciéndole una paja mientras nos enrollábamos. Me pidió perdón por haberme mentido y por no haber conseguido echarme un polvo como dios manda. Aun así me volví contenta, porque por momentos lo había pasado especialmente bien. Cabalgando sobre él, me sentí en la gloria, y sobretodo, enseñándole a comportarse con una chica en situaciones íntimas.

Cuando llegué a casa, con éste chico y con el retrasado, volví a hablar un par de veces, pero ya no era lo mismo y finalmente perdimos el contacto.

Varios meses después tuve una buena borrachera y ligue.

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María Ramos

María Ramos

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Soy una chica liberal, con pareja también liberal, y me gusta compartir mis experiencias sexuales y mi material casero en la web. Sígueme en Twitter o Facebook, o contáctame por email. También publico críticas de películas eróticas como Mar23. ¡Léeme!

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