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Un encuentro a solas con mi amiga Ester

Lesbis

A partir de ese día volvía a juntarme con mis antiguas amigas. Entre Ester y yo existía una conexión especial que nos hacía estar más unidas. Y nadie sospechaba nada porque seguíamos siendo las mejores amigas. Hasta que un día nos quedamos a solas en su casa…

LesbisMe he dado cuenta que ya no suelo empezar escribiendo “Hola querido diario”. Será porque he madurado o porque pienso en otras cosas. Ahora mi mente está siempre en Víctor y la vida que tengo es mucho mejor a la que tenía hace escasos meses, en parte gracias a él. Sin embargo a veces me emparanollo pensando quién será Víctor. Tengo la necesidad de conocerlo en persona. Pero él sigue asegurándome que no tiene tiempo de venir. Yo todas las semanas gano dinero, con el hombre gordo. Ya os contaré en otro capítulo de mi diario lo con hacemos. LesbisTal vez ahorre los suficiente y un día me decida ir a buscarlo. Tal vez será pronto. Respecto a lo último que me ha ocurrido siempre se ha mostrado conforme con todo y, después de contarle con pelos y señales lo de mi último encuentro, me propuso que tuviera un rollete de verdad con mi amiga del alma. Lo cierto es que lo estaba deseando, pero que además me lo propusiera mi novio me dio el empujón que necesitaba para lanzarme. Y así fue…

LesbisNormalmente quedamos en casa de Ester las 4 amigas, pero un día casualmente las otras dos amigas fallaron. Me vi en una oportunidad perfecta. Nos sentamos en el sofá, sacó una coca-cola y algo de picar. Estuvimos hablando un rato de cosas sin importancia hasta que me armé de valor y le solté un beso en los labios. Normalmente era ella quien se solía lanzar, pero en las últimas ocasiones era yo quien lo hacía. Ella se extrañó. “Estas más pervertida de lo normal” me dijo entre risas. A ella le parecía genial claro, fue ella quien empezó. Le respondí que tenía ganas, que desde nuestro encuentro con los otros dos chicos no podía dejar de pensar en otra cosa. En parte era verdad, pero me dio cosa decirle que me lo había propuesto el chico con el que chateaba. Quería que pensar que era yo la que tenía ganas y no me dejaba influenciar por nadie, por si luego pensaba que realmente no me gustaba o algo. Pensé que era mejor. Y otra vez volví a sentir esa sensación de vacío, como cuando le ocultaba mis relaciones con los chicos. Pensé que después le contaría todo lo que dijera Víctor de nuestro encuentro y se me pasaría.

LesbianasEstábamos las dos, frente a frente, con brillo en la mirada de deseo. Yo a penas le había dado un pico, pero fue suficiente para despertar la pasión entre ambas. Nos quedamos inmóviles un segundo, casi esperando la reacción de la otra. En cuanto me moví un poco para darle un segundo beso ella se lanzó casi frenéticamente a mis brazos. Nos besamos durante varios minutos con lengua y sin dejar de acariciarnos el cuerpo. Sus caricias me encantaron. Sus manos pasaron por mis pechos con delicadeza y a la vez con deseo, como si fuera la primera vez que lo hiciera y pensara que me rompería del más ligero contacto. Me sentí deseada, respetada y satisfecha, porque su tacto hacía electricidad en mi cuerpo. Me estremecí de deseo. Entonces volví a sentir esa sensación de que me ardía la piel por dentro por todas partes y empezando por mi sexo. Era pura sensualidad. Le correspondí con una leve caricia en el trasero. Me encantó. Lo noté calentito por la raja, metiendo la mano por dentro del pantalón. Era blandito por los lados… Era un volcán a punto de entrar en erupción. La pasión lo desbordaría.

LesbisEster me miró con picardía pensando si dábamos el siguiente paso. De nuevo hubo unos segundos a la expectativa de deseo, tensión y prudencia. Pero de nuevo fui yo quien me lancé a quitarle la camiseta y ella hizo lo mismo. Ambas teníamos sujetador de enganche. Se atascó un poco al intentar soltarlo, por los nervios. Yo era la primera vez que me veía así con otra chica y Ester se veía especialmente nerviosa por la situación. Ella era más liberal que yo, pero creo que venía gustándole desde hacía tiempo. Este encuentro debía ser especial para ella. Cuando nos quitamos los sujetadores le acaricié los pechos. Los tenía suaves, pero a la vez firmes y bien puestos. Ella tenía más talla que yo. De hecho estoy Lesbisacomplejada por ello, pero ese es otro tema. Nos volvimos a enrollar con pasión. Esta vez acompañamos los húmedos besos con caricias, esta vez a la piel desnuda. Aun estábamos en braguitas, pero eran casi transparente. Podía ver como ella estaba depilada. En cambio yo tenía un triángulito de pelo. Ester se fijó que miraba abajo y se agachó para arrancarme las bragas de un bocado. Ella como yo sólo usamos tanga para salir de fiesta, para marcar culo y estar mas guapas, mientras entre semana usamos bragas que son más cómodas. Me bajó un poco las bragas y, humedeciéndose los dedos, me los hundió en la vagina. Lancé un suspiro casi mundo, pero ella lo sintió y me miró encendida de deseo. Me besaba alrededor al tiempo que su dedo se hundía en mí, entraba y salía dándome el más inteLesbisnso de los placeres. Incluso llegué a pensar que me gustaba más que echar un polvo. Sus manos delicadas me tocaban con una dulzura, un movimiento desenfrenado, un ímpetu… que me elevaba al cielo. Estaba tan feliz que hasta se me olvidó devolverle el placer. Me quedé tumbada en el sofá con la mirada perdida en el salón y sin ningún pensamiento en la cabeza más que Ester y su cuerpo. Grité, de gusto. Ella sabía como hacérmelo mejor que nadie. Era mi mejor amante. Me mordí los labios, desesperada. Estaba tan al límite que llegué a un orgasmo impresionante. Fue un éxtasis largo, intenso y dulce. Y después no sentí ese vacío. Me quedé en la gloria, sin pensar, todavía con el mundo fuera de mí. Así me quedé al menos media hora, abrazándome a ella.

LesbisDespués de ese momento de paz me di cuenta de que ella no había terminado. Sin embargo había pasado un tiempo y creo que se le habían pasado las ganas. Le expliqué todo lo que me había gustado y le perdí perdón por no corresponderla pero me dijo que no tenía nada que perdonarme, que para ella también había sido especial y que en otra ocasión será. Le miré a los ojos y le prometí que la próxima vez que nos quedáramos a solas. Nos dimos otro beso, largo e intenso. No hubo lengua, pero no importó: nuestras almas se fusionaron. Fue lo más bonito de la tarde. Y volví a casa pensando en cómo se lo contaría todo a Víctor…

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