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Un maduro de 57 años

Con un maduro

Ya estaba quedando con chicos maduros, pero finalmente me decidí a quedar con el mayor de todos. Era un maduro de 57 años que conocí en el chat. Y era una fantasía que tenía ganas que cumplir.

Morena desnuda cocheA pesar de encontrar un rollo fijo, seguí quedando con hombres del chat. La edad era algo que me llamaba la atención y tenía la fantasía de montármelo con uno todavía mayor que el de 43. Chateando en Terra conocí a un maduro de 57 años que me llamó la atención. Me dijo que con hacerme sexo oral, él a mí, se conformaba. Y yo pensando en la experiencia de la playa, decidí quedar. Volvimos a quedar en las afueras de mi ciudad. Vino a recogerme en coche, de noche, y fuimos a un descampado donde habían otros coches con parejas haciéndolo. Era un hombre gordito, con poco atractivo. Me sentí tremendamente excitada, ya no por él, por hacer algo delante de algunos ojos curiosos y también me motivó pensar que esos curiosos verían a una jovencita con un abuelo. Me volvía loca pensando en lo que se les pudiera pasar por la mente.

Beso negroSin a penas hablar, empezó a meterme mano. Me levantó la ropa y sobó con ansiedad. En esos momentos estaba excitada, no por él, insisto, estaba más pendiente de las personas de fuera. Una de las veces que descubrí una penetrante mirada, lo besé apasionadamente. No me gustó nada como besaba. Sacaba la lengua y me llenaba de saliva. Incluso sentí un poco de asco. Pero al ver que quién me miraba hacía esfuerzos por disimular porque tenía que complacer a su pareja, sentí un inusual nerviosismo. Realmente me encantaba esa situación y con el amante perfecto habría sido toda una experiencia. Aún así intenté continuar para que sea esa la experiencia que pensaba. Y sin replicar, dejé que me chupara la cara mientras alargaba la mano para pajearlo. La tenía pequeña y con pocos pelos. Normalmente eso me excitaba, pero en esa ocasión no. Llegué a sentir repugnancia. Me pidió que se la comiera, a lo que le dije que no. Pero no quise parar y conteniendo las muecas de asco, aumenté el ritmo de la paja para que acabara cuanto antes. El hombre gimió sonoramente durante unos minutos hasta que expulsó un poco de semen. Me manchó la mano, cosa que me repugnó. Me la limpié con un pañuelo. Entonces él, tras bajarme los pantalones, metió su cara entre mis piernas y empezó a absorber con fuerza. Me llegó a hacer daño y no conseguía alcanzar el clímax. Cuando chupaba se ayudaba de los dientes y, al clavármelos, me hacía un poco de daño. Aunque se podía aguantar, no es que me arrancara partes del coño, pero no me dejaba sentir nada. Al final pasó a lamerme los pechos y tuve un pequeño orgasmoMorena ducha tocándome yo misma el clítoris. Aunque puedo correrme sólo con la vagina, necesito sentirme excitada para llegar al orgasmo. Pero con el clítoris llego mucho más fácil.

Cuando el maduro de 57 años me dejó donde me había recogido, me sentí sucia y fui corriendo a mi casa a ducharme. Sin pensarlo borré su número y cuando volvió a llamarme le colgué. No tenía dudas de que había sido una mala experiencia, sin embargo tenía nuevas fantasías que esperaba poner en práctica algún día.

Tenía fantasías que esperaba realizar, pero… lo siguiente que hice fue lo que nunca esperé que me pudiera gustar.

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María Ramos

María Ramos

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Soy una chica liberal, con pareja también liberal, y me gusta compartir mis experiencias sexuales y mi material casero en la web. Sígueme en Twitter o Facebook, o contáctame por email. También publico críticas de películas eróticas como Mar23. ¡Léeme!

5 respuestas a "Un maduro de 57 años"

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